Se puede decir que la lluvia nos limpia por dentro. Aleja nuestros pecados con agua bendita y nos apaña de nuestros errores.
Se supone que nos reconstruye, nos junta, nos arma. Nos da una razón para bañarnos de agua natural, pequeñas gotas de lluvia que se filtran en nuestro cuerpo y nos hacen sentir renovados.
En mi caso, es totalmente lo opuesto. Solía ser un recurso para escapar de mi misma, pero ahora solo me atrae al mismo punto de partida.
Cada vez que llueve, ya no me dan ganas de salir a mojarme; pues se que puedo resfriarme. Ya no observo las gotas en mi ventana pues se que me quita un valioso tiempo que podría usarlo en otra ocasión. Ya no me da placer sentir el agua filtrándose en mí, si no que me da repulsión sentir la ropa mojada, pesada, cuando se que me falta mucho para llegar a casa.
Ahora, ya no siento atracción por la lluvia. Más bien, es un recurso necesario… y me ayuda a regar las plantas. Ellas si la necesitan cuando yo me olvido de darles lo que quieren.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Deja tu recuerdo..