Una princesa debía casarse con un príncipe malvado, y desesperada, recurrió a su caballero de armadura dorada, rogándole que la secuestrara y la hiciera prisionera de su cara enmascarada.
Más el caballero de brillante armadura dorada denegó su pedido, diciéndole que sea fuerte ante el destino.
- ¡Y que al mal tiempo buena cara! – exclamó satisfecho de si mismo
La princesa incomprendida volvió al castillo, resignada y sin valor, a casarse con el ogro de sus sueños. Pero el príncipe había cambiado. Había reflexionado y estaba dispuesto a dejarla marchar, con la condición de volver a visitar el castillo el próximo Enero. Pero así y todo, la joven se escapó, con la frase retumbando en su cabeza, como un mosquito en su oreja;
- Ser fuerte y crecer, a veces, no van de la mano. A veces, todo pasa de repente y nada te queda para el mañana
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