viernes, 8 de febrero de 2013

Del amarillo pasamos al rojo


Nunca busqué nada más que ser feliz


Ni un auto, ni aprender a manejar. Ni caminar para poder saltar. Ni querer y después olvidar.

Buscaba ser exitosa, feliz y brillante.

Y lo quería conseguir por mis propios medios. Siempre me identifiqué como: “una mujer independiente y autosuficiente”. Capaz de olvidar a cualquier persona que me hiciera mal y poner a mi orgullo por encima de absolutamente todo. Y todos también.

Pero con él es todo completamente distinto.

Y mayormente es mi culpa. No va a cambiar. Jamás. Yo todavía tengo la oportunidad de salvarme. Todavía no quiero abrir los ojos ante la verdad porque es muy dura. En tan poco tiempo hizo mierda mi corazón y mis esperanzas en los hombres (porque así es, ya no confío más.

Y lo peor es que no tiene idea de esto. O si la tiene, no me cree (que ya está empezando a importarme poco; ¡UNA BUENA!).

Pero ¿con qué objetivo me hace esto? (Si estás leyendo, ponete los pantalones y contestame).

Estaba superándote, siguiendo adelante a mi única e inigualable manera. Cada vez que pensaba en vos me golpeaba – figurativamente – la cabeza contra algo duro y me decía a mí misma:



¡No te quiere, no siente nada por vos! Si no te olvido, te está olvidando. Nunca significaste nada más que carne en tránsito, ACÉPTALO y SUPERÁLO!



Y por más que odie con toda mi alma admitirlo, mira el control que tenes sobre mí. Con un mensaje en el momento más inoportuno me descolocaste el mundo otra vez. Lo moviste como un terremoto de 9 en la escala de Richter.

Y ya sé que no te importa. No te importa nada. Ni cómo estoy, ni cómo estuve ni cómo voy a estar. Simplemente NO TE IMPORTA. Y tengo que aguantar y seguir como hasta ahora.
Queres hablar, queres solucionar las cosas…

¿¡PARA QUÉ!?

Tenes miedo de que las personas se enteren, de lo que puedan llegar a pensar de nosotros (vos, egoísta), sentís impotencia porque no conseguiste lo que querías…

Te lo digo: NADIE (más que ya sabes quien) sabe de esto, de este quilombo en el que nos metiste. Además, agregó que me estas haciendo mal. Muy mal. Una vez me dijiste que no ibas a hacerme daño, entonces, ¿por qué ahora? ¡Dejame vivir en paz! Dejame superar esto que fue muy fuerte por lo menos para mí. Sos un egoísta, siempre lo fuiste y yo estaba tan ciega que nunca lo vi. Y ahora que pude verme desde otro punto de vista me doy cuenta de que fui una tarada. Sigo siendo porque todavía no te supero, no te olvido.

Pero vos sos un asco de persona. De tipo, de hombre. Inmaduro, gil, jugaste conmigo y te importó poco que podía llegar a pasarme. Te saliste con la tuya en algunas, y yo en otras. Pero la única que salió perdiendo de acá soy yo. Porque vos tenes todo lo que te di… Y yo me quedé con un CD de Rod Stewart, una corbata y una angustia cada vez que escucho Coldplay. Ahora, mi banda favorita se convirtió en mi tortura.

Y así pasó con mi vida.


Todo lo que antes me encantaba estando con vos ahora son mi tortura, mi pago de buena fe para que te olvide y a nosotros también.



Porque no vamos a volver…


Y te lo digo todo por acá porque no si cuando “hablemos” vaya a ser capaz de decirte todo esto. Pero lo que cuentan son las acciones, y esta acción mía de escribir y hacértelo llegar de alguna forma es lo que vale.



María Belén…

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Deja tu recuerdo..