Nunca busqué nada más que ser feliz
Ni un auto,
ni aprender a manejar. Ni caminar para poder saltar. Ni querer y después
olvidar.
Buscaba ser
exitosa, feliz y brillante.
Y lo quería
conseguir por mis propios medios. Siempre me identifiqué como: “una mujer independiente y autosuficiente”.
Capaz de olvidar a cualquier persona que me hiciera mal y poner a mi orgullo
por encima de absolutamente todo. Y todos también.
Pero con él
es todo completamente distinto.
Y mayormente
es mi culpa. No va a cambiar. Jamás. Yo todavía tengo la oportunidad de
salvarme. Todavía no quiero abrir los ojos ante la verdad porque es muy dura.
En tan poco tiempo hizo mierda mi corazón y mis esperanzas en los
hombres (porque así es, ya no confío más.
Y lo peor es
que no tiene idea de esto. O si la tiene, no me cree (que ya está empezando a
importarme poco; ¡UNA BUENA!).
Pero ¿con qué objetivo me hace esto? (Si estás leyendo, ponete los
pantalones y contestame).
Estaba superándote,
siguiendo adelante a mi única e inigualable manera. Cada vez que pensaba en vos
me golpeaba – figurativamente – la cabeza contra algo duro y me decía a mí
misma:
“¡No te quiere, no siente nada por vos! Si no te olvido, te está
olvidando. Nunca significaste nada más que carne en tránsito, ACÉPTALO y
SUPERÁLO!”
Y por más
que odie con toda mi alma admitirlo, mira
el control que tenes sobre mí. Con un mensaje en el momento más inoportuno
me descolocaste el mundo otra vez. Lo moviste como un terremoto de 9 en la
escala de Richter.
Y ya sé que
no te importa. No te importa nada. Ni cómo estoy, ni cómo estuve ni cómo voy a
estar. Simplemente NO TE IMPORTA. Y tengo que aguantar y seguir como hasta
ahora.
Queres
hablar, queres solucionar las cosas…
¿¡PARA QUÉ!?
Tenes miedo
de que las personas se enteren, de lo que puedan llegar a pensar de nosotros
(vos, egoísta), sentís impotencia porque no conseguiste lo que querías…
Te lo digo:
NADIE (más que ya sabes quien) sabe de esto, de este quilombo en el que nos
metiste. Además, agregó que me estas haciendo mal. Muy mal. Una vez me dijiste
que no ibas a hacerme daño, entonces, ¿por qué ahora? ¡Dejame vivir en paz!
Dejame superar esto que fue muy fuerte por lo menos para mí. Sos un egoísta,
siempre lo fuiste y yo estaba tan ciega que nunca lo vi. Y ahora que pude verme
desde otro punto de vista me doy cuenta de que fui una tarada. Sigo siendo
porque todavía no te supero, no te olvido.
Pero vos sos
un asco de persona. De tipo, de hombre. Inmaduro, gil, jugaste conmigo y te
importó poco que podía llegar a pasarme. Te saliste con la tuya en algunas, y
yo en otras. Pero la única que salió perdiendo de acá soy yo. Porque vos tenes
todo lo que te di… Y yo me quedé con un CD de Rod Stewart, una corbata y una
angustia cada vez que escucho Coldplay. Ahora, mi banda favorita se convirtió
en mi tortura.
Y así pasó
con mi vida.
Todo lo que antes me encantaba estando con vos
ahora son mi tortura, mi pago de buena fe para que te olvide y a nosotros
también.
Porque no
vamos a volver…
Y te lo digo
todo por acá porque no si cuando “hablemos” vaya a ser capaz de decirte todo
esto. Pero lo que cuentan son las acciones, y esta acción mía de escribir y hacértelo
llegar de alguna forma es lo que vale.
María
Belén…
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Deja tu recuerdo..