Se te olvidó la puerta abierta. Te olvidaste de agradecer la
paciencia. Dejaste en el tintero más de un sentimiento, más de un suspiro, más
de una sonrisa y un abrazo sinceros y más de mil y una noches.
Quisiste olvidar todo lo que me diste y que no podrás
recuperar. Dejaste mil ochocientas dos oraciones sin terminar, cuatrocientos
abrazos sin ser dados y un beso de despedida atragantado en la garganta.
Desconociste actitudes que dijiste “ni en pedo las haría”, pero que enamorado las hiciste. Dejaste
entre renglones una historia sin final, un momento sin explicación.
Te borraste la memoria con respecto a nuestros días, a nuestras
horas, minutos y segundos. Te dejaste llevar por el momento, y cuando se te fue
el enamoramiento, te dejaste llevar por otro viento.
Pero ¿para qué regañarte? Ya el karma hará lo suyo, si de
verdad lo mereces. He visto como hombres maltrataban a mujeres, azotándolas, torturándolas,
pero vos con solamente unos gestos lastimaste más que meses de sufrimiento
físico.
Lo bueno es que no pienso volver. Tengo tantas malas
experiencias de una sola que sé hasta dónde puedo llegar. Hace mucho cruzaste el límite.
Y parece que se te olvido que yo no olvido, y que “perdón”
no es un sinónimo de olvidar.
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