sábado, 2 de junio de 2012

Ella se va, los colores cambian a gris, y cada precioso momento ahora parece una pérdida


Una vez, un viejito muy sabio me dijo:

“Belu, vos tenés luz propia.”

Y yo, con quince años, obviamente le atribuí la importancia necesaria; nula.

Después de un tiempo, noté como ciertas personas que eran importantes para mí empezaron a escasear y, hasta en algunos casos, desaparecer. Sorprendida por este cambio, quise saber el porqué de estos desvanecimientos. Así que tuve que recurrir de vuelta a ese viejito muy sabio, pero él seguía diciéndome lo mismo:

“Mi hija, ¡vos tenés luz propia!”

Y me lo siguió repitiendo – hasta el día de hoy – y, cansada, tuve que pedirle una explicación a esa famosa frase suya que jamás logré comprender. Y este viejito muy sabio me dijo:

“Mira, como vos sos medio lenta te lo voy a explicar con metáforas. El sol es la estrella gigante que más energía proporciona a nuestro sistema solar. Toma a este sistema solar como una sociedad, muy pequeñita, en donde entrarían tu familia, tus amigos, tus conocidos en general. Cada estrella de ese sistema solar es uno de esos seres, que bien pueden ser queridos.  Y después, tenemos a los satélites móviles, o meteoritos, bolas de fuego gigantes muy parecidas a las estrellas, pero con un objetivo distinto; hacer daño. Los meteoritos buscan atravesar barreras, como la atmósfera, la troposfera, y otras “ósferas” existentes de cada planeta con el que se choquen. Suponiendo que vos sos la Tierra, o… mejor, elegí vos que queres ser. Porque al fin y al cabo, uno nace como planeta pero decide que rumbo tomar. ¿La Luna? Perfecto, sos la Luna. Volviendo a los meteoritos, no todos son malos. Es más, no nacieron así. Se transformaron luego de un muy largo proceso en lo que son ahora, y no todos tienen el objetivo de maltratar una atmósfera o un planeta. Algunos lo hacen por accidente. Ahora, la Luna no tiene luz propia. Pero, en tu caso particular, no necesita de ningún reflejo para brillar. Es más, hasta algunas estrellas envidian tu luz propia. ¡Es un fenómeno extraño! Y normalmente, por eso atacan los meteoritos o las mismas estrellas. Por envidia. Es un sentimiento que no siempre proviene de personas malas, sino también de personas muy buenas, pero que se sienten opacadas muchas veces por luces brillantes, como la tuya. Entonces, es así como funciona tu sistema solar, tu pequeñísima sociedad. Vos, Belén, tenés luz propia. Una luz tan potente que opaca a millones de estrellas, y a veces también al sol.”

Después de ese “cuento” mi cabeza comenzó a maquinar a millones de revoluciones por segundo.

¿Tengo luz propia? ¡Genial!

… ¿O no?

Existen personas que buscan toda su vida esa luz, y que también tratan de quitárselas a otras o que intentan extinguir las más hermosas.

Entonces, no está tan copado tener luz propia. No si todo el mundo que se da cuenta de esa luz quiere extinguirla, eliminarla… apagarla.

También existen las personas que no lo hacen con intención… pero lo que terminan haciendo.





Volviendo al 2012, hoy me pasó algo demasiado doloroso.

Personas que yo consideraba amigas, no sé si me traicionaron, pero si me dejaron decepcionada. Una vez, una de esas chicas me dijo que yo soy demasiado “confianzuda”. Según mamá, es “transparencia”. Según papá, es “permeabilidad”. Según yo, es “ESTUPIDEZ”.

Al final, lo que todo el mundo quiere decirme es que deje de dar el todo por el todo. Que si bien, a veces ganó mucho, también pierdo hasta quedarme en bancarrota. Y que la única que termina herida soy yo. Porque es a mí a quién le terminan infectando el cerebro, el corazón, el alma… ¡todo!

Y lo peor es que no se dan cuenta del daño que hacen. Una de esas chicas es la mina más dulce, simpática y graciosa que conocí. Y la más “rara” por así decirlo. Pero hoy, me decepcionó. Me decepcionó su actitud, la forma en que me planteó las cosas, como no dejaba lugar a dudas de que yo sigo siendo una persona falsa, hecha de vidrio, fría y dura que lo único que hace es hacer una cosa y decir otra. Eso, no solamente me bajoneó, si no que me tiró al piso y, figurativamente, me usó como trapo de piso para limpiar sus penas y las mías y las de todo el mundo.

Y para rematar, su hermana también piensa lo mismo. ¡Su hermana, una nena a la que yo ayudé como si fuera una amiga de toda la vida, que le agarré la mano cuando estuvo mal y que nunca se la solté! ¿Qué hice mal? ¿Qué hice para que ella diga eso? ¿A quién herí tan mal diciendo que cosa?

Siempre, en mi cabeza, estuvo la frase: “Si tenés algún problema conmigo, decímelo”. No de patotera, no de estúpida ni de idiota, sino para cambiar yo con esa persona. Si actúo con una persona de una forma, y con otra de otra distinta, no es que soy falsa, es que me ajusto a lo que la otra persona necesita. Evitó problemas, nada más.

Y después, eso es ser falsa.

En fin, mi semana relativamente buena se fue al carajo hoy. Y hoy mandé a la mierda todo. Las salidas, el boliche esta noche, las ganas de vivir, de seguir luchando.

No quiero cambiar mi forma de ser, pero parece que no hay nada más que hacer. Si sigo siendo “confianzuda” la cagó, si soy “falsa” la cagó. Así que, a la mierda el mundo, voy a ser como quieren que sea: directa, autómata, aburrida y para nada brillosa.

Abandono mi brillo, mi luz propia.

Porque hasta ahora todo lo que hizo fue traerme problemas, peleas idiotas, pérdidas. Y no da para más.

Lamentablemente, hasta acá llegué. 

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