¡Hoy me recibo!
Bueno, de la secundaria.
¡Por fin! Tanto tiempo esperando este día. Y, gracias a Dios,
no hay señales de lluvia.
Pero, si bien estoy más que feliz con este evento y en
especial con estas fechas, caigo que hay personas que faltan.
Personas muy importantes que marcaron mi vida cuando era muy
chiquita y ahora también.
Así que si bien este día está dedicado a que yo la pase
bien, yo le otorgo ese privilegio a mis abuelos, a los cuatro.
No se dan una idea de cómo los extraño. Incluso al abuelo Guillermo
que nunca conocí, por las historias y las anécdotas estoy segura de que me
hubiera sacado más de una sonrisa.
Para mi abuela Anahí, que estuvo conmigo desde que nací
hasta que ella se fue. ¡Abuelita, no sabes cómo te necesito! Quiero verte
sentada en tu silla, mirando al patio, viendo a los perros jugar y hablar con
vos de la vida. ¡Delirar con vos sería la expresión correcta! Quiero traerte el
postre que siempre estaba en la heladera listo para vos y que hoy por hoy
falta. Quiero compartir tardes mirando Crónica para ver “como las personas se
matan por dos pesos” (frase tuya). Quiero tenerte cerca y abrazarte una vez
más, UNA SOLA VEZ MÁS y decirte lo mucho que te quise. Y pedirte perdón por a
veces olvidarme de decirte “Buenos días” o “Buenas noches”. Por olvidarme a
veces que tenias 80 años y que no comprendías algunas cosas mías. Quiero volver
a verte y decirte cuando te agradezco por haber sido mi abuelita, por haber
juntado mis juguetes y por pasar tardes ENTERAS delirando con vos. Gracias, mil
gracias por demostrarme que la edad no importa, sino lo que uno lleva adentro.
Esa cosa invisible en la vida pero que si uno mira a los ojos a la otra persona
puede ver; el alma. Gracias por hacerme ver tu alma y ayudarme a descubrir la
mía. Te quiero mucho.
Bueno, a esta altura ya moje todo el teclado. Recordar a mi
abuela me hace muy mal porque nunca supere el hecho de no verla sentada. Pero
tengo que seguir. Me faltan dos abuelos más.
Y para mis dos hermosos viejitos. La abuela Chela y el
abuelo José. Que decirles a ustedes que ya no les dije cuando estuvieron
conmigo. Amaba verlos jugar esas tardes a las cartas de loba, truco, la escoba,
y miles de otros juegos. La verdad, se que están en un lugar mejor, ¡y que se
siguen peleando por los puntos! Verlos concentrados todas las santas tardes en
ese maso viejo y arrugado (que todavía conservo) me ponía la piel de gallina.
¡Era un juego, no podían pelearse así! Pero después de la tormenta, aparecía el
arcoíris y me llevaban a dar una vuelta en el auto por las calles y plazas de
La Plata. Abuelo, vos si que no sabías manejar. Cada esquina la pasabas rapidísimo
y más de una vez chocaste conmigo en el asiento delantero. Menos mal todos los
choques eran en el guardabarros de atrás. Extraño que me hagas reír con tus
chistes malos y las picadas que nos mandábamos en el patio de tu vieja casita.
Y a vos, abuela Chela. No te digo nada porque ya sabes todo.
Siempre sueño con vos. Todavía no puedo entender que te hayas ido porque
siempre estás presente. Cuando escribo, cuando no, cuando lloro, cuando estoy
feliz, cuando no se qué hacer, cuando me decido por un millón de cosas. Todavía
para mí no te fuiste, y no te vas a ir nunca. ¡Y eso me pone muy bien! Porque
todavía hablo con vos, disfruto cada minuto que pienso en vos y veo esas fotos.
Gracias, por siempre confiar en mi cuando yo no podía. Gracias, por
absolutamente todo.
Y para cerrar un poco esta entrada (y parar de llorar) les
dedico a los cuatro esta canción de mi amor platónico. Es hermosa la canción y
se aplica a ustedes.
Nunca se fueron y nunca se van a ir.
“Si no uno no está donde el cuerpo, sino donde más lo extrañan, y aquí
se los extraña tanto”.
Me tomo un café con tu ausencia
y le enciendo un cigarro a la nostalgia
le doy un beso en el cuello a tu espacio vacío
Me juego un ajedrez con tu historia
y le acaricio la espalda a la memoria
seduciendo al par de zapatos azules que olvidaste
Y charlo de política con tu cepillo de dientes
con visión tan analítica, como cuando te arrepientes.
Realmente no estoy tan solo, quién te dijo que te fuiste
si aún te encuentro cocinando algún recuerdo en la cocina
o en la sombra que dibuja la cortina.
Realmente no estoy tan solo, quién te dijo que te fuiste
si uno no está donde el cuerpo, sino donde más lo extrañan
y aquí se te extraña tanto
Tú sigues aquí, sin ti, conmigo
quién está contigo si ni siquiera estás tú
y le enciendo un cigarro a la nostalgia
le doy un beso en el cuello a tu espacio vacío
Me juego un ajedrez con tu historia
y le acaricio la espalda a la memoria
seduciendo al par de zapatos azules que olvidaste
Y charlo de política con tu cepillo de dientes
con visión tan analítica, como cuando te arrepientes.
Realmente no estoy tan solo, quién te dijo que te fuiste
si aún te encuentro cocinando algún recuerdo en la cocina
o en la sombra que dibuja la cortina.
Realmente no estoy tan solo, quién te dijo que te fuiste
si uno no está donde el cuerpo, sino donde más lo extrañan
y aquí se te extraña tanto
Tú sigues aquí, sin ti, conmigo
quién está contigo si ni siquiera estás tú
Platico con tus medias de seda
y le preparo un croissant al recuerdo
mientras le rasco una rodilla a esta vida, sin vida
Le canto una canción a la nada
y me burlo de la melancolía
mientras le subo el cierre a la falda de las ganas
Sintiendo tantas cosas
realmente no estoy tan solo
sola tú que estás conmigo
y no te fuiste contigo.
Realmente no estoy tan solo quién te dijo que te fuiste
si cargaste con el cuerpo, pero no con el recuerdo
y el recuerdo está conmigo.
Realmente no estoy tan solo, quién te dijo que te fuiste
si uno no esta donde el cuerpo, sino donde más lo extrañan
y aquí se te extraña tanto
tú sigues aquí, sin ti, conmigo
quién está contigo si ni siquiera estás tú
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Deja tu recuerdo..