Miércoles 2 de Abril de 2014.
12:42 a.m.
Y ahí estaba. Le estaba diciendo la verdad. Una verdad que quizás hasta para él era difícil de creer.
Ella no lo entendió a la primera. Recuperó el aire con los bombones.
Algún que otro abrazo se filtraba. La primera vez que le agarró la mano se sintió la más chiquitita y a la vez la más afortunada.
El la quería. Se lo había dicho.
Un bombón por salida. "Vos me querés hacer engordar!, ella le dijo riéndose. "Sos perfecta", le respondió el. Sonrojos, risas bobas y abrazos.
Ella se lo dijo a sus padres. Él la llevó a conocer a su madre. "Ella es mi chica" le dijo a una amiga. "Somos algos, cosos!" le confesó ella feliz a sus amigas.
Salidas al parque, caminatas, más risas, más abrazos, más bombones...
Y una noche inesperada, ahí estaba. ¡El bendito beso!
Un beso hermoso. Suave, corto y cargado de energía. Obviamente, no fue suficiente con uno. Él se reía de la necesidad de ella, sin maldad.
Y a partir de allí, todos fueron distintos. Los besos, los abrazos, las cargadas...
Él la quería.
Ella lo quería.
Por ende, se querían. ¡Era correspondido!
Que felicidad... Aleluya hermanos.
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