Escape.
Buenas gente. Pasaron varios días desde la última actualización porque estuve de vacaciones. De TODO. Incluso de escribir. Y así y todo no pude sacarlos de mi cabeza y de deberles una actualización antes de que terminen mis vacaciones y vuelva a la bendita rutina de escribir mis pensamientos en servilletas y después perderlas (cuantas buenas historias se perdieron así...).
Esta entrada vuelve a estar dedicada a este personaje que me desordena la vida siempre que puede - y cuando no puede también lo logra -. Esta vez, más que una alabanza, que lo tengo mal acostumbrado a eso, es más un reproche. Como no puedo reprocharle nada en la cara, porque no tengo ningún derecho sobre él - al igual que no lo tiene sobre mí - entonces necesito desahogarme con ustedes.
Sin más se los dejo;...
Viendo mi serie se me ocurrió que nuestra historia no es más que una película que en algún momento tiene que terminar. Y lo peor, es que cada vez veo ese final más próximo.
Me sentí totalmente identificada cuando al personaje masculino principal le estampan la verdad en su cara, esa verdad que yo también la sé y que estoy segura que vos igual. Le dijeron que la estaba usando como un escape; una vía de salida de su realidad, de su rutina, de su frustración por ser la decepción de su padre. Y si bien vos no sos la decepción de tu padre - o no sé, puede que sí - yo soy muy parecida a esa chica de la que hablan.
Siento que soy tu escape de la realidad, que por esas horas vos no sos vos y yo no soy yo. Somos dos existencias distintas a las de nuestra realidad, prejuiciosa y juiciosa a la vez. No soy más que una vía de escape de tu vida, una puerta con la palabra "salida" en letras rojas con un marco blanco. Como el de las películas. Porque lo nuestro también es una película, de ficción para colmo. Esas que se hacen con actores primerizos y bajo presupuesto, que no queremos en realidad que sea un éxito. Que quede así como está, en el anonimato, a nosotros nos viene espectacular.
Y si tuviéramos que hacer una remake, como ya varias veces lo hicimos, no sería mejor ni peor que la original. Sería distinta. Como todas las veces que estamos juntos. Ninguna se parece a la anterior, siempre son diferentes, pero no se superan ni se pasan factura. Se repiten los actores y el presupuesto no aumenta. Simplemente apostamos a más, a ver hasta donde llegamos, cual es el límite entre el fracaso y el éxito.
Y la verdad es que ni la película original ni sus remakes van a tener éxito. No van a pasar de ser más que vídeos, cortos e insuficientes, que no impresionan a nadie. ¿Que por qué? Porque no queremos, porque así estamos bien. Así como tampoco vas a encontrar otra vía de escape que no sea yo.
Porque, seamos sinceros, ¿qué otra persona aceptaría este pacto al que silenciosamente llegamos? Nadie. Ninguna mujer. Y ningún hombre tampoco, para generalizar. Nadie aceptaría este contrato suicida de almas. Solamente yo lo hice porque sé - sabemos - que no hay otra forma de estar juntos. Que así como nuestra película no va a tener éxito nunca, nosotros tampoco. Estamos destinados a fracasar. Y con esa base, sabemos que no hay que dañarnos sin necesidad.
Es sexo. Puro y simple. Es más, si tuviéramos que darle un género a nuestra película, sería porno.
No soy más que una salida, una vía de fuga, de tu vida, tus responsabilidades, tus otras mujeres. Porque ninguna mujer en su santa mente aceptaría ser tu salida. Porque ninguna te quiere como yo. Todas saben que pueden tenerte, aunque sea por un rato, como personas normales. Lo que ellas no saben es cómo me siento. Lo horrendo de llegar, besarte, desvestirme, mirarte, que pase, y salir con la cabeza gacha sabiendo que nada nunca va a cambiar. Que eso es lo máximo a lo que puedo aspirar: ser un escape de tu realidad. Proporcionarte una realidad distinta, por un rato, para aliviarte el alma, el pesar del día, de la semana, de la vida, de tu vida. Ellas no quieren ser un escape. Y yo agradezco a Dios todos los días ser un escape; tú escape.
No estoy enojada ni dolida, ya superé la realidad. Esa realidad tan fea de saber que por mucho que lo intente, por cualquier cantidad de sacrificios que haga, nuestra película no la va a alquilar nadie para un domingo a la noche. Ya lo sé, lo acepto. Adopté este papel porque te quiero y porque te jure, literalmente, ser lo que necesitabas. Y es evidente que este escape te hace bien. Por lo menos tu cara de satisfacción me lo confiesa. Y estoy bien así, estoy feliz siendo eso que necesitas. Porque por lo menos, en esta retorcida forma, me necesitas. Sabiendo que soy reemplazable, que cualquiera puede un día ocupar mi lugar, esa necesidad mínima tuya de mí cada vez que me mandas un mensaje preguntando si estoy libre a la siesta, ya me alegra. Me eleva al cielo y después de vernos recibo la consecuencia. Y si, te juro que estoy bien. Más o menos bien.
Pero duele. Un montón. Guau, si que duele. Uno pensaría que después de tantos encuentros ya estaría acostumbrada a los golpes al corazón. Pero no, todavía duele. No te asustes. No duele como antes, cuando sentía que no podía respirar. Cuando se me cerraba la garganta y sentía que la gravedad me arrastraba con más fuerza que a cualquiera. Esa época, gracias a Dios, ya pasó. Ahora aguanto el dolor, la sensación de pérdida cada vez que dejo esa oficina. Ya me acostumbré al dolor. A ser un escape y nada más...
Hace poco leí una frase; "no le desearía a nadie la sensación de no saber si te quiere..." Y es así. Honestamente y con todo el dolor que siento en este momento, no se lo deseo a nadie.-
He aquí el reproche. Duele todavía, sí. Pero ya no me encierro, ya no lloro sola. Ya me levanto y sigo. Y supongo que vamos a seguir , o voy a seguir, así hasta que mi cuerpo y mi alma lo aguanten. Gracias por leer, por siempre estar.
María Belén
Gracias Claritaaaa! Genia, abrazo enorme! ♥
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