domingo, 13 de agosto de 2017

Entonces pusiste tu mano en mi bolsillo trasero...

... como si fuese a dejarte atrás. 

Tenés la mala costumbre de tocarme la cara después del sexo. Para saber si sigo ahí, para saber que no soy una ilusión. Y me abrazad tan fuerte que me rompes, en mil pedazos, porque te siento más lejos que en cualquier momento. 

Una noche fuimos a pasear por el barrio, aburridos, cansados de la rutina de vernos, tomar, fumar y coger.
Terminamos en el parque oscuro, de noche, con un vientito que te entraba por no sé donde y me hacía temblar. Te sacaste la camperona, me la pusiste en los hombros y me tocaste la nariz para ver que tan fría estaba.

- Más fría que tu alma - dijiste riendote

Ni te sonreí ni te miré mal. Porque, por un lado, no estabas tan errado.
Y fue cuando vi la canchita de básquet. Se me iluminaron los ojitos cuando vi la pelota, abandonada, como esperándome, esperándonos.
Te devolví la campera y corrí a buscar la pelota. La hice picar y la tiré al aro. Rebotó en el borde y no entró. Bufé, decepcionada.
Y tu risa se escuchó a mil metros a la distancia.
Te miré, pesado, porque no te podes reír de mis fracasos. No estaba bien. Pero me di cuenta de que no te reias de mi, sino de la vida...

- ¿por qué levantas la otra manito para tirar? - preguntó acercándose y riéndose
- cuando estaba en el colegio jugaba al cesto - le conté yendo a buscar la pelota para rebotarla - y era ataque, así que tenía que aprender a tirar bien
- ¿y también metías la manito?

Me estiró la mano para que le pase la pelota. Dudé. De la misma forma que dudé cuando me estiró la mano por primera vez para pedirme la mía, o cuando me dijo que me quería.
Se la pasé. La agarró, la rebotó tres veces y tiró. Obviamente, erró. La pelota pegó en la tabla y salió volando.
Pero no me reí. No porque no estuviera contenta. Al contrario, mi corazón rebotaba peor que la pelota.
Lo vi correr a buscarla y pasarmela desde lejos.
Toda la noche estuvimos jugando. Me ganó por 36 a 28. Fue un juego sucio.
Antes de que saliera el sol, volvimos al departamento a buscar un envase y fuimos a comprar una birra.
En la terraza, se durmió con su cabeza en mi regazo mientras yo le peinaba el pelo.
Eran las 6 de la mañana. A las 8 sonaba el despertador.
Fue una noche distinta. Casi sin besos, sin sexo y sin abrazos. Pero llena de risas, de choques voluntarios, de roces atrevidos para distraer al otro...
Me robé esa pelota. Para la próxima vez que nos aburra la rutina...



María Belén... 

domingo, 6 de agosto de 2017

La vida es tan dura...

... que a veces no nos damos cuenta de los buenos detalles.

Uno, sos vos. Porque estas.
Estas cuando necesito que estes.
Cuando estoy triste, estas ahí, aliviando el pesar. Cuando me caigo, estas levantandome otra vez. Cuando tengo miedo, estas ahuyentando los demonios. Cuando no quiero saber nada del mundo, estas... sin estar.

A veces pienso que sos eso que nunca busqué pero que siempre necesité. La vida da muchas vueltas, como hielo frío en vino caliente. Y dura lo que un suspiro en el aire. Por eso, agradezco ese instante en que estuviste... y cada instante siguiente en el que seguis estando.

Cuando miro hacia atrás y veo todo: lo bueno, lo malo, lo que fue y lo que no; cuando miro para atrás y no me arrepiento de nada, ni de que no hayas estado y que ahora estes.

Sos una bocanada de aire frío cuando no podemos respirar. Sos el abrazo que a tanta gente le falta, y que por suerte, a mi me sobra. Sos ese relleno del agujero al corazón que tantos otros se encargaron de dejar. Sos la pieza que faltaba, la brisa en el verano, la bufanda en invierno...

Que bueno que estes, que no te logré alejar. Que lindo tenerte, que seas para mi sin ser enteramente mío, sino de la vida, del aire, del mundo. Que perfectos son tus besos, tus mimos, tus caricias, tus apretones de manos y de cola. Que profundos son tus ojos. Que bendita es tu presencia...

Gracias, yo sé que un favor se devuelve con otro. Y no sé que Dios te trajo a mi, pero sé que favor debo devolver...


María Belén ~

jueves, 15 de diciembre de 2016

Actualización!

Buenas gente! Tanto tiempo! Uf, otra vez un puto mes sin dar señales de vida. De argumento otra vez está la facultad, al que se agrega italiano, que no me dejaron vivir hasta hace una semana. Pero ya me saqué a la facultad por este año (o sea, hasta enero) y pude relajarme.

En la entrada anterior les hice una pequeña introducción de un nuevo personaje que entró a mi vida hace poco. Pero que hizo muchos desastres. O bueno, empeoró el desastre que ya estaba.

Anyway, mi vida nunca puede transcurrir con tranquilidad como una hoja sobre el río pero que le vamos a hacer. Es lo que nos toca.

Independientemente de eso, la estoy pasando muy, pero MUY bien con este individuo. Es una especie de ancla o cable a tierra, con quien puedo hablar de casi todo. Obviamente, no se tocan temas tan profundos, pero si son conversaciones que la mayoría de las veces me dejan pensando varios días. También tengo que agradecer a las nuevas tecnologías de hoy que me permiten seguir en contacto porque lamentablemente mi vida no me permite verlo todos los días.

Pero, la vida nunca es fácil.

Ahora me gustaría poder compartir con ustedes algún que otro pensamiento que vengo elaborando hace varios días pero desgraciadamente tengo que ir al gimnasio. Así que, sin falta, esta noche vuelvo a actualizarlos.

Espero puedan seguir leyendo! Un beso y buena vida!


María Belén

Calor de verano


Después de tanto tiempo volví a sentir calor.

Pero no ese calor sofocante de verano; ese que no te deja ser, que no te deja respirar.
Este calor es el agradable. El de los rayos que te acarician suavemente la piel, que te deja mirar hacia otros lados, que te dan ganas de levantarte y correr sin cansarte nunca.

Es ese calor que te levanta temperatura hasta el punto justo, para que no te sofoques. Que es seductor, que te invita a moverte de tu cama y hacer cosas. Del que no te podes atajar aunque quieras, porque te atrae y te envuelve y no te dan ganas de estar refugiada en las sombras.

Es ese que te empuja hacia afuera de la oscuridad, de esa oscuridad que tiene tu corazón. El que derrite hasta al más frío corazón. Es ese calor que une los pedazos rotos, derritiéndolos poco a poco hasta que quedan unidos.

Este calor es el aparece en tus mejillas cuando algo te gusta; el que aparece en tu estómago junto con las mariposas cuando tenés miedo o estas feliz. Ese que se hace presente en momentos que son importantes para uno, que nos marcan siempre.

La mayoría de las personas lo sienten justo debajo de las costillas y sienten como va subiendo hasta que llega a nuestra cara. Ese calor que nos incendia el cuerpo cuando estamos con las personas que queremos, cuando acariciamos a nuestro perro, cuando mamá nos dice que está orgullosa de nosotros, cuando papá nos confía el auto un sábado a la noche, o cuando tu hermano te abraza y te dice cuanto te quiere.

Es ese calor de la valentía; ese que aparece en una mesa libres o en un parcial, que se nos quema el cerebro pensando en la respuesta correcta. También es ese que a veces nos ataca el cerebro y nos hace salir mal de una situación o nos hace tomar malas decisiones. Ese que nace de algún lugar y se estanca en la garganta como un nudo y no se quiere ir. Es ese que nos deja mudo en los momentos que más necesitamos hablar. Ese calor también es el de la cobardía...

Y también es ese calor que siento yo cada vez que te abrazo, cuando hago una tontería y te reís. Es ese que me nace en la boca del estómago cuando me llega un mensaje tuyo o cuando decís mi nombre para despedirte. Es ese que me revuelve la cabeza cuando tomé un poquitito de más y te abracé o me pegotee a tu cuerpo. Es también ese calor que me sale de la garganta cuando estoy fumando y me decís que dos al hilo es mucho; porque me cuidas sin darte cuenta.

Es ese calor de un verano suave, de 22 grados, que hace agradable el ambiente. Es ese calor de los dos besos que me das cuando me saludas y el beso largo en los labios cuando te vas.

Ese calor es cuando me agarras la mano para darme un último beso antes de que me vaya, cuando entrelazas nuestros dedos. Es también ese calor que sentís cuando me despido acariciándote la mejilla.

Es ese calor, lindo, bonito, agradable y duradero, de esto que nació en primavera. Ese calor de tus besos, de mis abrazos y de nuestras risas.

Es nuestro calor.  



María Belén




martes, 15 de noviembre de 2016

Quiero verte en un funeral


Me gustaría verte en un funeral .  Con la cara cubierta, en un día soleado y con el sol pegando en tu cara, pálida, que resalta aún más por las ropas negras que usas. Quiero también agarrarte la mano, atrapar tus lágrimas y tratar de convencerte que va a estar todo bien.

Quiero saber de tu primera pérdida, de tu primera muerte. Ese horrible día que algo murió dentro de tu ser; porque alguien se fue, porque no se quedó, porque Dios lo llevó, porque el viento lo esfumó, porque el mar lo tragó. Quiero saber el nombre de tu primer perro, ese que ya no está más en tu vida. Quiero saber de tus abuelos, que puede que estén vivos aún, pero que no están como querés que estén. O tal vez sí.

Si están, quiero saber cuál era el plato que tu abuela te obligaba a comer porque decía que ibas a crecer sano y fuerte si lo comías. Quiero saber también cual era el postre que te cocinaba tu tía en los cumpleaños, o a veces solo porque sí. Quiero saber los miedos de tu mamá, las inseguridades de tu papá, los gestos egoístas de tus hermanos, las tardes en la casa de tus primos y los domingos de ver la tele con tus abuelos.

Quiero conocer tus miedos. Esos que no se los contás a nadie porque se hacen más reales si los admitís, si admitís que te congelan los pelos del cuerpo. Quiero saber que haces cuando te aburrís de mirar siempre la misma película, de ir siempre a la misma plaza, de caminar el mismo camino a casa. Quiero aceptar tus defectos, porque son los que te diferencian del resto. Quiero aceptarte, la verdad que con o sin defectos da igual.

Quiero saber de que no te gustaría trabajar, quienes son las personas que no te caen bien, qué harías si fuera el último día de tu vida. Quiero que me hagas probar tu cerveza favorita, tu marca de cigarrillo, que me presentes a tu instructor del gimnasio y que me muestres tu rutina solamente para demostrar que podes hacerla completa hasta el final.

Me gustaría que me hables de aquellos que no están más, que me muestres su tumba, que me digas que flores les llevas y que lo mismo que le cuentes a ellos, me lo cuentes. Quiero que pintemos un mural juntos, con una frase que nos identifique, o miles, para dejar una huella. No importa cuánto tiempo este ahí o si lo borran después. Quiero que me digas que le tenes miedo al olvido, a las próximas perdidas inevitables, a que se vaya o se pierda tu cotorrita o tu gato.

Quiero que me digas que tenes miedo de crecer, de asumir responsabilidades; que también te aterroriza ser una mala persona, un tipo egoísta, un flaco de mierda. Quiero que me digas que no queres tener la vida de una persona en tus manos porque justo esa clase preferiste quedarte a dormir en vez de ir a cursar. Quiero saber porque ese día querías dormir en vez de aprender.

Quiero saber que materias de tu carrera odias, que seguramente no son muchas pero que te complican la vida a más no poder. Que me digas que profesores de tu facultad te la complican el doble, que profesores de la primaria o secundaria extrañas, a quien seguís visitando de vez en cuando en ese colegio donde creciste. Quiero que me cuentes cuantas amonestaciones tuviste en la libreta amarilla y porque te mandaste tantas macanas.

Quiero conocer los lugares a los que te gustaría viajar y cuanto estas dispuesto a ahorrar para conocerlos. En que móvil irías, si volando, a pata, en bicicleta o a dedo. Quiero saber si te animarías a saltar en Bunge o a volar en un parapente, en un avioncito sin motor y sentir como el viento, el mismo que alguna vez te sacó a alguien, te golpee en la cara y te erice los cabellos. Quiero que me digas si trabajarías como voluntario en lugares como Cuba, África o Haití.

Quiero saber si para vos el calentamiento global es culpa de las grandes empresas o de los países que no se preocupan por el bienestar del mundo. Quiero conocer tu afiliación política, si es distinta a la mía, si tenemos diferencias sobre el sistema que nos maneja. Quiero que me cuentes de tus desgracias monetarias, si las tenes, y si tenes miedo de tenerlas en algún momento.

Quiero conocer tu pasado, para entenderlo, digerirlo y comprender que ese mismo pasado, que puede que no te guste, es el que te forjó el presente, el que te marca el futuro.

Quiero conocerte para entender porque me enganchaste tanto, porque entraste sin pedir permiso y dijiste de no quedarte. Pero todavía seguis acá...






Buenas chicos. Después de varios meses volví a actualizarlos.
No tengo mucho tiempo para contarles todo, simplemente quería poner en palabras varios pensamientos que vienen retumbandome en la cabeza desde hace dias y siento que si no los expresaba iba a morir de la angustia.
Espero anden muy bien y hayan disfrutado del escrito, en unos pocos días (cuando la facultad decida si me asesina o no) volveré con noticias más especificas.
Los leo, ¡gracias!



María Belén