Uf, hace cuanto quería escribir y no podía. Maldita
facultad. Maldigan a la facultad conmigo!
Bueno, creo que se me nota un poco el cambio de humor,
no?
Estuve pensando. (Si, bueno, no tendría que hacerlo,
pero lo hice.) Y saqué varías conclusiones. Si tengo que decirlas
todas es como que la entrada se va a hacer más una clase de psicología
analítica cuántica (si existe) y esa no es la idea.
Para resumirles, me siento nueva. Renovada. Libre. Y
si, algo triste.
¿Y qué cambio? Nada. Bah, si, yo. En varias cosas. Que
también es una lista muy larga.
En fin, les doy muchas vueltas y no les digo el punto.
El punto es que;
No
soy para nada fuerte.
Pero
tengo una fuerza de voluntad espectacularmente activa.
Me di cuenta de que si bien hay cosas que me superan (pensar
en él, acordarme y eso) siempre encuentro la forma de no llamarlo, no
mandarle un mensaje ni un mail o un WhatsApp. Siempre lloro en silencio, me
calmó y sigo con lo siguiente en mi lista de cosas que hacer. A veces con menos
ganas que otras, pero las termino haciendo.
Gracias a la facultad (si, LA FACULTAD, leyeron bien) no
tengo nada de tiempo disponible para pensar en él. Llego cansada y en lo único
que pienso es que tengo que estudiar para parciales que se me están acumulando.
Y usando ésa metáfora, me di cuenta de que no son sólo los parciales los que se
me acumulan. También la vida en general. Los kilos, las tareas, los apuntes,
las salidas. Siempre dejo todo a último momento por pensar en él, en que estará
haciendo, si me quiere, si me quiso, si ya no, si está con otra. Y al final,
cuando miro el reloj veo que pasé media hora de mi vida en eso. Entonces, me
pongo a llorar. Y ahí desperdicio, digamos, una hora y media más. En total, son
dos horas. Que se le puede añadir también una hora más en la que tardo en
recuperarme, y otros cuarenta y cinco minutos que gasto hablando con mi mejor
amiga esperando una respuesta que sé que no me la va a dar. Así se me acumulan
las horas, y en total por día estaría perdiendo como tres horas y cuarenta y
cinco minutos de mi vida. ¿Saben la cantidad de cosas que puedo hacer en ese
rato? Estudiar, por ejemplo. Salir a caminar, otro ejemplo. Ver a mis amigas,
otro ejemplo. Ir al gimnasio, otro ejemplo. Y me doy cuenta de que desperdicio
mi tiempo en eso; en llorar.
Y como soy capricorniana (excusas, excusas) no puedo
permitirme eso. Ya no me lo permito. Así que decidí tres cosas, básicas; gastar
mi tiempo productivamente (así, por ejemplo, comunicándome con ustedes y dando
señales de vida), mantener esta fuerza de voluntad (y aumentarla, si es
posible) y superarlo. Simple. Superarlo, sin olvidar. Solamente, SUPERARLO.
Y bueno, esas son mis conclusiones de éste último tiempo.
También descubrí que todavía me duele pensar en él, en
nosotros y en todo lo que nos pasó. Y pensar que puede estar compartiendo su
tiempo con otra mujer me desespera, hasta formarme un nudo en la garganta…
Pero entiendo que es normal. Que algún día va a pasar. Ese
fantasma suyo no va a aterrorizarme más. Voy a empezar a ponerle un punto final
a las cosas. Tengo que hacerlo. Y yo se que puedo. No perdí la confianza en mí
misma y tampoco tengo motivos para hacerlo. Esto es así, un simple mal de
amores. Que va a pasar.
Que tengan una hermosa semana! Los quiero con todo mi corazón,
mi panza y mi alma. Ojalá sus vidas sean menos complicadas que la mía ajajaja.
María Belén :)
las parejas son como los colectivos, si perdes uno, si bien te complica... a no hacerse mala sangre atrás viene otro/a
ResponderEliminarMuchas gracias anónimo! Y si, ya perdí bastantes colectivos y sigo saliendo a caminar! Buena vida para vos :)
ResponderEliminar