martes, 9 de abril de 2013

Señalando hacia el horizonte


Uf, hace cuanto quería escribir y no podía. Maldita facultad. Maldigan a la facultad conmigo! 
Bueno, creo que se me nota un poco el cambio de humor, no?

Estuve pensando. (Si, bueno, no tendría que hacerlo, pero lo hice.) Y saqué varías conclusiones. Si tengo que decirlas todas es como que la entrada se va a hacer más una clase de psicología analítica cuántica (si existe) y esa no es la idea.

Para resumirles, me siento nueva. Renovada. Libre. Y si, algo triste.
¿Y qué cambio? Nada. Bah, si, yo. En varias cosas. Que también es una lista muy larga.

En fin, les doy muchas vueltas y no les digo el punto. El punto es que;


No soy para nada fuerte. 
Pero tengo una fuerza de voluntad espectacularmente activa.



Me di cuenta de que si bien hay cosas que me superan (pensar en él, acordarme y eso) siempre encuentro la forma de no llamarlo, no mandarle un mensaje ni un mail o un WhatsApp. Siempre lloro en silencio, me calmó y sigo con lo siguiente en mi lista de cosas que hacer. A veces con menos ganas que otras, pero las termino haciendo.

Gracias a la facultad (si, LA FACULTAD, leyeron bien) no tengo nada de tiempo disponible para pensar en él. Llego cansada y en lo único que pienso es que tengo que estudiar para parciales que se me están acumulando. Y usando ésa metáfora, me di cuenta de que no son sólo los parciales los que se me acumulan. También la vida en general. Los kilos, las tareas, los apuntes, las salidas. Siempre dejo todo a último momento por pensar en él, en que estará haciendo, si me quiere, si me quiso, si ya no, si está con otra. Y al final, cuando miro el reloj veo que pasé media hora de mi vida en eso. Entonces, me pongo a llorar. Y ahí desperdicio, digamos, una hora y media más. En total, son dos horas. Que se le puede añadir también una hora más en la que tardo en recuperarme, y otros cuarenta y cinco minutos que gasto hablando con mi mejor amiga esperando una respuesta que sé que no me la va a dar. Así se me acumulan las horas, y en total por día estaría perdiendo como tres horas y cuarenta y cinco minutos de mi vida. ¿Saben la cantidad de cosas que puedo hacer en ese rato? Estudiar, por ejemplo. Salir a caminar, otro ejemplo. Ver a mis amigas, otro ejemplo. Ir al gimnasio, otro ejemplo. Y me doy cuenta de que desperdicio mi tiempo en eso; en llorar.

Y como soy capricorniana (excusas, excusas) no puedo permitirme eso. Ya no me lo permito. Así que decidí tres cosas, básicas; gastar mi tiempo productivamente (así, por ejemplo, comunicándome con ustedes y dando señales de vida), mantener esta fuerza de voluntad (y aumentarla, si es posible) y superarlo. Simple. Superarlo, sin olvidar. Solamente, SUPERARLO.

Y bueno, esas son mis conclusiones de éste último tiempo.
También descubrí que todavía me duele pensar en él, en nosotros y en todo lo que nos pasó. Y pensar que puede estar compartiendo su tiempo con otra mujer me desespera, hasta formarme un nudo en la garganta…

Pero entiendo que es normal. Que algún día va a pasar. Ese fantasma suyo no va a aterrorizarme más. Voy a empezar a ponerle un punto final a las cosas. Tengo que hacerlo. Y yo se que puedo. No perdí la confianza en mí misma y tampoco tengo motivos para hacerlo. Esto es así, un simple mal de amores. Que va a pasar.





Que tengan una hermosa semana! Los quiero con todo mi corazón, mi panza y mi alma. Ojalá sus vidas sean menos complicadas que la mía ajajaja.







María Belén :)

2 comentarios:

  1. las parejas son como los colectivos, si perdes uno, si bien te complica... a no hacerse mala sangre atrás viene otro/a

    ResponderEliminar
  2. Muchas gracias anónimo! Y si, ya perdí bastantes colectivos y sigo saliendo a caminar! Buena vida para vos :)

    ResponderEliminar

Deja tu recuerdo..